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El sillón de hostelería es la silla con brazos: el mismo asiento, pero con apoyabrazos. Cambia bastante más de lo que parece, porque el cliente que se sienta a comer o a tomar algo durante un rato aguanta mucho mejor en un sillón, y porque el brazo marca la distancia entre mesas. En Osteleria.com tenemos 156 modelos, la mayoría en aluminio y acero, desde los 100 € hasta los de gama alta.

Sillón o silla: cuándo compensa el brazo

La silla sin brazos cunde más: caben más comensales en el mismo metro de terraza y se apila en torres más altas. El sillón se elige cuando la estancia es larga —restaurante con carta, cafetería de sobremesa, terraza de hotel— porque el apoyabrazos es lo que hace que una comida de hora y media no se haga incómoda. Mucha gente monta la terraza mezclando: sillones en las mesas de cuatro y sillas sueltas en las de dos.

Ojo a una cosa práctica: un sillón necesita que el brazo entre bajo el tablero de la mesa. Si no entra, las sillas quedan separadas de la mesa y pierdes sitio. Antes de comprar, mide la altura libre bajo tu tablero y compárala con la altura del brazo.

Aluminio o acero

  • Aluminio: no se oxida, pesa poco y se mueve y apila con facilidad. Es la opción lógica para terraza, y obligada cerca del mar. Cuesta más por unidad.
  • Acero: más resistente al golpe y más barato, pero necesita un buen lacado o galvanizado si va a estar a la intemperie. Para interior es una compra muy sensata.

El peso no es un detalle menor: el camarero recoge y coloca esas sillas varias veces al día, y un kilo de más por silla se nota al final del turno.

Apilables y espacio de guardado

Si recoges la terraza cada noche, la altura de apilado te va a condicionar más que el precio. Comprueba cuántas unidades apila el modelo y mide el hueco donde las vas a guardar. Un modelo que apila de 8 en 8 frente a otro que apila de 4 en 4 te puede ahorrar la mitad del almacén.

Qué mirar antes de comprar

Para uso profesional conviene fijarse en la certificación de mobiliario no doméstico (norma EN 16139), que es la que acredita que el asiento aguanta un uso intensivo y no solo doméstico. Después, en el acabado: en terraza el sol y la humedad son los que acaban con las sillas, no el uso. Y por último en el recambio: pregunta siempre si se pueden reponer tacos, regatones y asientos, porque es lo primero que se rompe y lo que decide si la silla dura tres años o diez.

Preguntas frecuentes sobre sillones de hostelería

¿Qué diferencia hay entre una silla y un sillón de hostelería?

El apoyabrazos, y lo que arrastra con él. El sillón es más cómodo en estancias largas y da una imagen de mesa más cuidada, pero ocupa más ancho, pesa algo más y suele apilar menos unidades. La silla sin brazos aprovecha mejor el espacio y es más fácil de recoger. En una terraza bien montada normalmente conviven las dos.

¿Aluminio o acero para una terraza?

Aluminio, casi siempre. No se oxida, pesa menos y soporta mejor la intemperie, y si estás cerca del mar directamente no hay discusión: el salitre se come el acero aunque esté lacado. El acero tiene sentido en interior, o en terrazas cubiertas donde prime el presupuesto y la resistencia al golpe.

¿Se pueden dejar los sillones fuera todo el año?

Se puede, pero se paga en vida útil. Lo que degrada una silla de terraza no es el uso, es el sol y la humedad: el ultravioleta reseca los tejidos y los plásticos, y el agua acaba entrando por los tornillos. Si no puedes recogerlos, al menos apílalos y cúbrelos en temporada baja; notarás la diferencia al tercer año.

¿Cuántos sillones se pueden apilar?

Depende del modelo: lo habitual va de 4 a 10 unidades. Es un dato que conviene mirar antes de decidir, porque condiciona el almacén que necesitas. Si recoges a diario, un modelo que apile mucho te ahorra espacio y tiempo de camarero todas las noches.

¿Qué certificación debe tener un sillón para uso profesional?

La referencia europea para mobiliario de asiento no doméstico es la norma EN 16139, que ensaya resistencia, durabilidad y seguridad. Una silla doméstica puesta en un bar se rompe en meses, y además responde el establecimiento si alguien se cae. Si el fabricante no menciona ninguna certificación, pregunta antes de comprar.

¿Qué mantenimiento necesitan?

Poco, pero constante. Limpieza con agua y jabón neutro, nada de disolventes ni estropajos que rayen el lacado. Revisa y aprieta la tornillería un par de veces al año, porque el apilado diario la afloja, y cambia los regatones en cuanto se gasten: un regatón roto raya el suelo y descuadra la silla.

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